/eres único/

Ni existen dos identidades humanas similares en los archivos de la historia ni veremos jamás una huella dactilar parecida a otra en la faz de la tierra. Eres único e irrepetible y tenerlo en mente facilita que en los momentos de tomar cualquier tipo de decisión te centres en lo que sea mejor para ti según tus propias preferencias, circunstancias y personalidad.

El proceso se repite muchas veces. Me encuentro perdido a la hora de valorar diferentes alternativas y pregunto a varias personas de mi entorno para escuchar su opinión. El proceso que se desencadena de forma inconsciente en mi cabeza es que escucho lo que espero escuchar y acepto por tanto los argumentos que me interesan para quedarme por fin tranquilo. Resulta graciosa la facilidad con la que deshecho todo aquello que no resuena conmigo. ¿Te suena?

Además, ya sabía desde antes de preguntar nada qué es lo que quería, pero necesito que algo externo me haga autoconvencerme definitivamente desde mi interior. Un proceso que se produce desde fuera hacia dentro.

Me parece un gran error este planteamiento porque, entre otras cosas, no tenemos en cuenta que no hay fórmulas exactas para aplicar en cada situación. No existe el molde exacto que encaje con las necesidades que podemos tener en un momento dado de nuestra vida. No estamos hablando de química sino de algo mucho más complejo, subjetivo y abstracto: tu identidad.

No nos gusta por naturaleza la incertidumbre por lo que compramos paquetes cerrados en diferentes formas sin evaluar profundamente cómo encajan con nosotros. Puede tratarse de una dieta que no tiene en cuenta tu propia fisiología y metabolismo, de una terapia especializada en una técnica para abandonar un vicio o de un curso que dé respuestas sobre tu dirección profesional.

No debemos caer con tanta asiduidad en la trampa de creer que existe una solución cerrada para nuestros propios desafíos personales. Lo que sí está dentro de nuestro control es tratar de entender nuestra propia y única “fórmula personal” y hacer lo siguiente: analizar los elementos de una situación determinada en base a tu propia combinación para entender cómo éstos encajan con tu propia naturaleza y no al revés.

Somos únicos, y por mucho que nos atormente tomar decisiones en algunos momentos tenemos que tomarlas bajo nuestra propia evaluación. NADIE sabe mejor que nosotros qué es lo que realmente queremos, qué es lo que más nos conviene y qué resultado deseamos conseguir.

Es indudable que para este ejercicio necesitamos conocernos profundamente a nosotros mismos y escuchar las respuestas que se originen desde nuestro interior. Esto es algo mucho más complicado de lo que nos podemos llegar a imaginar, sobre todo viviendo en esta era en la que escasean los momentos en los que nos sentamos a reflexionar sin distracciones ni estímulos.

Seguramente conozcas a pocas personas de tu alrededor que perciben respuestas a sus preguntas desde el interior. En primer lugar la sintonizan, y en vez de confirmarla con alguien la manifiestan directa y abiertamente hacia el exterior. El proceso que se produce es en este caso es el inverso, desde dentro hacia fuera. Este tipo de personas tiene mucha confianza en sí mismas, alta autoestima y sobre todo son muy conscientes de su personalidad única. Parece como si tuvieran un oído muy afinado, escuchan algo que a mí me cuesta horrores escuchar. O que igual escucho, pero no logro entender.

Utilizan el input exterior no para seguir al pie de la letra la formas de hacer las cosas sino para adaptar la nueva información a su propia y única combinación mientras dotan de sentido las decisiones que toman.

Envidio sanamente a estas personas.

Tienen muy trabajado el paraguas de los juicios. ¿A qué me refiero con este paraguas exactamente? Al instrumento invisible que tienen para que cada vez que la gente les juzgue lo utilicen para evitar mojarse de las críticas ajenas.

Se trata por tanto de aprender a desarrollar el juicio a la hora de tomar decisiones. Ni siquiera me refiero a que estas decisiones tengan que ser siempre las correctas y adecuadas, ¡eso sería imposible! lo que sí podemos hacer y se encuentra a nuestro alcance es aprender a reducir el número de errores y que sobre todo cada vez que avances en una dirección determinada sea por el resultado de decidir lo que mejor encaje en base a tu propia identidad. 

Existe un gran obstáculo a la hora de ganar autonomía en este apartado, la imitación. Tenemos programado en nuestro “chip interior” el comportamiento de replicar lo que hacen otros.

Cuando alguien te sonríe sin motivo, sonríes. Cuando el padre tira basura al suelo su hijo que le observa repite el comportamiento. Cuando alguien nos habla en bajito respondemos de la misma manera. Es automático, compruébalo.

Este proceso de imitación nos condiciona a la hora de tomar decisiones por y para nosotros mismos. Estamos expuestos a una gran influencia grupal, y por ello en muchas ocasiones tenemos falta de confianza o miedo a la desaprobación por tomar una decisión diferente al resto. Es importante ser consciente de ello a la hora de educar nuestra personalidad como sólo nosotros queremos que sea. Sé tu mismo y busca ser auténtico.

Otro ejemplo sería cuando queremos ser parecidos o comportarnos como alguien a quién admiramos. Por ejemplo la persona que quiere alcanzar un físicco parecido al de un personaje famoso y hace lo que sea por parecerlo. La realidad es que no le beneficiará tener las mismas características ya la que la persona a la que admira tiene unas proporciones corporales diferentes a las suyas. Tendrá mejor que encontrar la combinación que mejor se adapte en relación a su cuerpo y no al reflejo de otro.

Para mostrar lo mejor de nosotros mismos tenemos que entender nuestra propia fórmula, la mejor combinación que encaje con nosotros y nos sirva para mantener y pulir nuestra esencia.

Ten presente que nuestra identidad no es estática, sino que se transforma y evoluciona con el tiempo, el entorno y la experiencia. Nunca mantiene los mismos rasgos.

¿Recuerdas cuando de pequeño creías que no te cansarías nunca de jugar a ese juguete que tanto te gustaba? 

Cada año, cada mes, cada día nos convertimos en una persona diferente. No nos damos cuenta porque el cambio es tan progresivo y lento que es imposible apreciarlo.

Eres único, y como tal, debes ser consciente de que la mejor persona que te conoce eres tú mismo y que no podemos depender de lo que digan los demás, lo que leemos en fuentes de pésima calidad o lo que vemos u oímos de otros. Tú y solamente tú eres tu mejor psicólogo, tu mejor cocinero, entrenador físico y doctor.

Eres la persona más indicada para saber qué es lo que tienes que hacer en cada momento.

Eres único.

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