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10 beneficios de hacer el camino de Santiago

Recorrer el camino de Santiago ha sido para mí una de las mejores experiencias que se pueden tener en vida. Aparte de la belleza del camino en sí, la aventura se convierte en un momento de profunda introspección personal.

En 2014 hice el camino primitivo en doce etapas, una por día. Este camino es persolamente especial para mí ya que todas las etapas atraviesan las montañas del norte de España sin pasar apenas por asfalto como en el caso de otras rutas.

En este post comparto mi experiencia en caso de servirte como motivación para realizar algunos de los numerosos caminos.

Cuando escuchamos la conversación sobre el Camino de Santiago escuchamos varias opiniones tipo:

  • Lo aburrido que puede llegar a ser andar durante tanto tiempo,
  • la gran soledad que acompaña al caminante en caso de realizarlo sólo
  • o incluso lo sumamente cansado que puede ser el andar durante tantas jornadas.

Sin embargo, estas percepciones están muy lejos de lo que realmente el camino puede aportar a cualquier persona que se embarque en esta gran aventura. A continuación, te cuento los 10 beneficios que te puede ofrecer el Camino de Santiago:

1. Conocer personas

Si quieres, nunca caminarás sólo. Resulta bastante improbable no conocer a nadie durante el camino. Todas las personas con las que te cruzas están compartiendo tus mismos pasos y este hecho permite que sea muy fácil conectar y empezar una conversación con cualquier caminante.

Además, se suelen formar de forma involuntaria grupos de personas y puedes acabar rodeado de gente con ganas de compartir el momento y la felicidad de la hazaña. Lo mejor de todo es la flexibilidad que tienes en cada momento de estar sólo cuando te apetezca, encerrarte en tus pensamientos o en cambio unirte a caminantes que ya has conocido previamente.

2. Sentimiento de pertenencia

Durante el camino se crea un sentimiento de pertenencia a un grupo de personas que persigue un objetivo en común. En unos días puedes ver como formas parte de una comunidad de personas con las que has establecido un vínculo especial.

Tarde o temprano descubres cómo la gente suele ser cercana y ayuda a las personas cuando atraviesan diferentes tipos de dificultades. Puedes coincidir con estas personas en varias etapas o incluso en la totalidad del camino.

Es muy interesante ver a caminantes que llevabas unos días sin ver y que de repente te encuentras de nuevo mientras se dibuja en tu cara una gran sonrisa.

3. Descubrir el potencial de tu cuerpo

No sabemos dónde está nuestro límite físico. Solemos pensar que conocemos el momento en el que no podemos extender un esfuerzo físico por más tiempo, pero realmente no lo sabemos ¡Siempre podemos un poco más!

Con el camino te puedes llegar a sorprender de hasta dónde te pueden llevar tus piernas. Andar es sin lugar a dudas una de las mejores actividades para «oxigenar» el cuerpo.

4. Conocerte a ti mismo

Puedes tomártelo como una etapa de reflexión. Tus ejercicios diarios para ello pueden ser divisar las preciosas montañas, observar tus pasos o concentrarte con el sosegado paso del tiempo. El tiempo que pasamos sin realizar actividades cotidianas de nuestro día a día nos hace extraernos de nuestra rutina habitual para comenzar a ordenar pensamientos.

No estaremos conectados a Internet, estaremos aislados en el medio natural y será una buena oportunidad para conectar y reencontrarnos con nosotros mismos. Razones de sobra para hacer del camino un momento idóneo para la reflexión.

5. Entender otras culturas

El camino de Santiago es desde hace tiempo muy internacional. Personas de todos los continentes conocen la historia de St. James y quieren vivir la experiencia del camino en todos sus sentidos.

Si hablas inglés, tus posibilidades de mezclarte con otras culturas es una opción muy atractiva para conocer habitantes de países que te llamen la atención, conocer a la pareja de tu vida o tener un anfitrión para tu próximo viaje al extranjero.

Puede que haya momentos de impaciencia cuando quieres llegar a una etapa o al mismo final del camino. Como todo en esta vida, cuanto más deseemos que llegue un momento, más lento pasará el tiempo.

6. Aprender a vivir de forma presente

Son días de andar muchas horas y no estamos acostumbrados a no hacer otra cosa que no sea caminar. En vez de enfrascarnos con el objetivo final de completar el camino, lo mejor es disfrutar el camino en sí. Es una muy buena oportunidad de disfrutar cada momento, de cada paso y aprender a vivir de forma presente.

7. Fundirte con la naturaleza

Ver maravillosos paisajes. La naturaleza se apropia del camino en diversas etapas. Montañas sin fin, riachuelos que desprenden un bucólico sonido, el olor de la vegetación impregnando numerosas etapas.

Sentirse parte del universo y la naturaleza es uno de los grandes placeres del camino. Dependiendo de la ruta que elijas puedes disfrutar de preciosos paisajes de montaña, caminar al borde de la costa o perderte en campos llanos.

8. Aumentar la inteligencia espacial

¿Cuánto andaré hoy? ¿A cuántos kilómetros se encuentra el próximo albergue? ¿Cuántas etapas quedan para llegar a Lugo?

Si no estamos acostumbrados a calcular distancias en kilómetros y lo que se puede tardar en recorrerlas, ésta es una buena ocasión para agudizar ésta habilidad. Después de recorrer tantos kilómetros se vuelve necesario calcular si podemos andar 20 o 35 kilómetros dependiendo de nuestro estado físico.

9. Observar las zonas autóctonas

Magnífica oportunidad de entender cómo se vive en los pueblos rurales del norte de España. Gente muy amigable que está muy acostumbrada a ver caminantes todos los días y de los que están orgullos de atender y ayudar.

En estas zonas se vive en modo slow-life (Sin prisas en el día a día, disfrutando de los pequeños momentos) y en cada parada podemos pasear por el pueblo, conocer gente local, visitar las pequeñas tiendas que aún mantienen la autenticidad del negocio familiar.

10. Sentir el premio de la recompensa

Aún recuerdo cuando crucé entre lágrimas la Catedral de Santiago de Compostela, pensando en los momentos duros del camino y en las ganas que había tenido en tantos momentos de llegar al fin de mi destino.

Una de las cosas con las que más motivación y felicidad nos aportan es la de cumplir objetivos. Cuanto más cuestan y más nos hemos esforzado en conseguirlos es cuando más lo disfrutamos. Llegar a la Catedral mientras escuchas de fondo a un autóctono tocando la gaita gallega es el mejor de los premios, la mejor recompensa final.

¡Buen camino!

¿Conoces algún otro beneficio que hayas experimentado en el camino? ¡Compártelo en los comentarios!

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Experiencia de un primer viaje largo en motocicleta

Son las 6 de la tarde ya estoy acabando una sesión de formación de social media en la consultoría en la que trabajo.

Me entran las prisas como siempre me han entrado cuando voy emprender alguna actividad de este calibre. Mi propósito está claro: Ir a Gijón montado en una kawasaki z750 con el propósito de comprobar si mi idea de ir a Suiza en moto es viable.

No tengo muchos recursos para este viaje. No dispongo de elementos que habrían sido vitales como un porta GPS o un baúl para guardar cómodamente la ropa que necesito para este viaje.

Estoy viajando desde Madrid a Gijón en deportivas y con unos guantes de verano. Esto sería un error que luego sufriré durante el viaje.

De nada me sirve haber comprobando la predicción meteorológica para el día de la salida. Nada más comenzar la ruta me veo atrapado en una tormenta fatal, atípica en un mes de julio en Madrid. Nada más dejar la oficina empiezan a caer unas gotas que me hacen dudar de esta aventura salida. Pero… ¿Qué más da ahora mismo? La moto la tengo que coger sí o sí… Es hora de meter mi portátil entre bolsas de plástico, ponerme mi equipación de motero de pacotilla y arrancar camino a la carretera de la Coruña desde Madrid.

Nada más entrar en la M-30 empiezo a ver cómo la infinita e inmensa cantidad de coches ocupan todas las vías ralentizando la vida y el tráfico en Madrid.

Empiezo a dudar del propósito de esta aventura. Empiezo a ver charcos como lagos en la carretera. Empiezo a ver mi moto como el arca de Noé y los coches como inútiles botes de salvamento remando a ritmo lento. Empiezo a pensar en una posible retirada que salvaguarde mi cuerpo por que contiene ahora mismo una mente desconsolada.

Incontrolable. Testarudo. Tenaz. No me quito de la cabeza acabar aquello que me he propuesto. Tener un susto o un accidente ahora mismo puede ser una gran lección para que quede claro que cuando las cosas no pueden salir, significa que no salen, que debemos desistir.

Sin embargo, pienso que si vuelvo a casa ahora mismo estaría igual de mojado y con las mismas circunstancias.

Decido continuar.

Empiezo a cruzar túneles donde me resgurado momentáneamente de la lluvia y donde aprovecho para aclarar mi visera del casco. Me siento más seguro sobre estos tramos de asfalto seco.

La tranquilidad se instaura en mis sensaciones hasta que veo torrentes de agua que penetran con fuerza entre las rendijas de los subterráneos. Me vuelvo a preguntar ¿Qué estás haciendo Dani? Más aún cuando hay tramos con grandes charcas donde fácilmente puedo tener aquaplanning e irme al suelo. Final de la historia.

La visibilidad es casi nula y mi visera está tan borrosa como mis pensamientos. No podría explicar el efecto sonoro que escucho dentro de un casco, pero me encuentro muy aislado ahora mismo. Soy yo aquí dentro y el mundo ahí afuera sufriendo esta tempestad.

¿Estás seguro de esto Dani? ¿Estás seguro que sigue mereciendo la pena esta aventura?

Más testarudo que la canción de Shakira continúo mi periplo. Surco las grandes y abiertas curvas de la A6 donde la lluvia remite hasta convertirse en una llovizna que ni molesta ni enturbia la conducción. Empiezo por fin a sentir alivio y a destensar mi cuerpo después de una jungla de vehículos torpes agazapados en la urbe.

Empiezo a abandonar Madrid  y consecuentemente a acelerar la velocidad y a disfrutar de la conducción.

A la hora de repasar los contratiempos compruebo que mi cuerpo está calado y que el frío natural de zonas elevadas respecto al mar comienza a emitir avisos en forma de escalofríos. Comienzo a confirmar que los guantes de verano y las deportivas han sido una locura Made in Daniel.

Mis deportivas están empapadas, mis huesos están calados de aventura y preguntándose a dónde vamos, cuestionándose hasta dónde estoy dispuesto a llegar.

A continuación, entro en el <túnel-salvación> de Somosierra. Aquí puedo sentir el calor y confort del interior de la montaña, el pavimento seco y la tranquilidad que brinda un espacio cerrado. Quizá haya sido sólo un inicio fatal, quizá es hora de esperar y disfrutar la llegada de buenas noticias.

Después de un par de paradas en merdenderos situados en los laterales de la autopista y comprobar que mi equipaje y portátil de empresa no están calados recibo la mejor noticia hasta entonces. El sol se asoma entre las mil y una nubes que cubren el cielo y recibo el calor más agradable de cuantos existan, aquél que te calienta y seca el cuerpo y te devuelve toda la confianza perdida.

Empiezo a sensibilizar conmigo mismo y grito de júbilo dentro de mi mundo-casco. ¡Lo conseguimos Dani! ¡ Yuhuuuuu! Dani 1 – inclemencias 0. Golazo de celebración al éxito de escapar de lo peor y cubrirme de exaltación y felicidad.

Demasiado bueno como para ser cierto.

Las nubes arremeten y comienza una lluvia lenta que desemboca en un granizo que empieza a golpear mi cuerpo con brutalidad. El cielo de Zamora vomita a bocajarro el peor imprevisto que podía tener después de mi salida de Madrid; granizo.

De nuevo desaparece mi visibilidad, mi confianza y mi claridad sobre esta aventura. Reduzco velocidad y conduzco con las largas y con los warning preavisando a los demás usuarios de la carretera que estoy vendido, que me den distancia y estén preparados para cualquier maniobra inesperada de un vulnerabe motorista.

Desconcertado, veo como una moto de mayor calado que la mía me rebasa ofreciéndome una dosis de confianza. Sigo su estela hasta que el depósito avisa que queda poca gasolina, el estómago que hay poca energía y la mente que una parada es necesaria para revisar la situación de nuevo.

Voy bastante mal de tiempo porque tengo que llegar antes de que anochezca, pero estoy empapado de nuevo y es obligatorio que coma algo y estire las piernas.

En este momento pienso en plantarme en este hotel al lado de la gasolinera, para continuar al día siguiente, pero no he llegado aún ni a mitad del itinerario y esta maniobra sería un sinsentido.

Después de calentarme con una tortilla y un café decido continuar mi loca aventura. La lluvia me ha dado tregua y es momento de coger velocidad de crucero y avanzar sin descanso.

De nuevo siento felicidad y desasosiego cuando empiezo a avanzar por la península sin problemas y sentir que el sol se propaga por todo mi cuerpo. Gritos de celebración internos. En estos momentos era inevitable, si alguien me escuchara pensaría que estoy loco. Pero es imposible que alguien me escuche, al igual que lo es el que pueda acallar estas sensaciones.

Es hora de disfrutar la carretera, saborear el recorrido, traspasar el ecuador del viaje y trazar curvas y paisajes que roban toda mi atención.

Por entonces llego a un último punto de peaje donde veo que he alcanzado el depósito de reserva de gasolina. Cruzo la barrera y empiezo a trazar una carretera magnífica con curvas abiertas y prolongadas, esas que tienes que coger con alta velocidad. Empiezo a ver los lagos de los picos de Europa y a degustar realmente esta aventura después de todas las pruebas que la naturaleza me había puesto.

Mi tanque de gasolina se empieza a agotar, pero confío que el depósito suele durar más en viajes largos al no conducir en marchas cortas. Empiezo a preocuparme de verdad y a rezar para que no me pase esto ahora, que no me pase esto a mí, en este preciso momento.

Nunca me he quedado tirado sin combustible y ésta vez sería un mal momento para ello. Después de pasar 3 largos e interminables túneles, el puño de la moto deja de inyectar gasolina en el motor de combustión y la moto empieza a decelerar en una bajada en la que pienso que puedo tener suerte y llegar a la próxima estación de repostaje.

No me puedes estar pasando esto, me maldigo, no me puede estar pasando esto ahora mismo. No ahora.

Aunque la inclinación de la calzada me va ayudando a bajar veo que al final hay un túnel donde puede ser más complicado estacionar y pedir ayuda. Decido parar antes de entrar y me quedo atrapado en la noche entre montañas y entre dos túneles en la AP66 de Asturias. Sorprendentemente, no me siento enfadado ni con rabia. Acepto la situación y pienso en positivo, ya que puede ser una parada de media hora que me puede servir para descansar y hacer esta aventura más trepidante aún.

Después de preguntar a dos turistas por un bote con gasolina y obviamente no conseguirlo, llega la grúa para cargar mi moto y trasladarme a la gasolinera más cercana. Lo más fácil habría sido que me hubieran traído un poco de gasolina, pero por normativa no está permitido que transporten mercancías peligrosas.

Resulta que Marcos, la persona que me rescata es un auténtico motero, tiene una Ducati 1098 y una CBR R600. Hacemos migas rápido y me invita a asistir el domingo a una concentración de motos en Sanabria. ¿Caprichosa coincidencia? Si el hecho de quedarme tirado ha servido para conocer a alguien que me ofrece un plan apropiado cuando no lo esperaba, me hace pensar que las cosas siempre pasan por alguna razón.

Mención especial a los 100 km de esta autopista sin gasolineras, lo que supone que no sea ni el primero ni el último que ha sufrido este percance en esta ruta. Atrapado en la carretera para aprender de nuevo otra lección…

Ya en los últimos kilómetros y con la noche cerrada, cruzo unas carreteras con densa niebla donde la visera elevada no molesta para nada. Nada más llegar a mi destino mi teléfono se queda sin batería. Por entonces ya estoy acostumbrado a los mil incidentes que he tenido así que lo soluciono rápidamente recargándolo con el PC.

Es la 1.30 de la madrugada y por fin llego al destino que me había marcado. Aventura completada con infinidad de anécdotas. Por fin puedo decir que he realizado un viaje largo en moto donde he aprendido más de una lección.

¿Preparamos el viaje a Suiza?

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Vivir un año en Australia me aportó capacidades extraordinarias como apertura mental, social y cultural