Niveles de energía corporal y mental, dosificación, ladrones y parafernalia

Existen diferentes maneras de gastar la energía corporal y mental de cada día así como numerosas pautas y consejos para regularla de manera que aprovechemos el día y sobre todo el propósito hacia el que la queremos dirigir

Cuando me despierto cada mañana siento que mi cuerpo y mente se han recargado durante la noche como si de una batería de móvil se tratara. Depende de las “aplicaciones” que uso durante el día llego a casa con una carga mayor o menor.

Durante el día, mientras voy haciendo actividades y trabajando, siento como se va agotando lentamente. Siento algo muy parecido cuando se trata de grandes esfuerzos mentales. Después de un momento de gran concentración no puedo hacer ni una suma de dos cifras. Cosas obvias, nada nuevo.

Sin embargo, cuando hablamos de energía corporal (incluyo la mental) consideramos sólo el aspecto físico e ignoramos por completo otro tipo de energía que se genera fuera de nuestra percepción.

¿En qué gastamos nuestra energía? ¿en qué deberíamos invertirla? Cómo la distribuimos y sobre todo en qué aspectos son algunas de las preguntas que me hago más de una mañana cuando planifico normalmente mi jornada laboral, aunque las respuestas se pueden aplicar a cualquier tarea personal.

Distribución de la energía

Existen desde mi experiencia varias formas de distribuir la energía durante un día normal. La forma que elijo define el resto de mi día por lo que es importante fijarse cinco o diez minutos para planificar qué quiero conseguir en el día. Por norma general:

  1. Lineal. No distingo entre tareas con diferentes características. Tengo una lista y ejecuto cada una de manera equitativa en tiempo y/o esfuerzo.
  2. Descendente Invierto el momento de máxima energía de la mañana para hacer las tareas que necesitan más atención y esfuerzo. Por la tarde me enfoco en tareas más rutinarias y que requieren menos energía mental.
  3. Ascendente. Comienzo con tareas simples a modo calentamiento para pasar a tareas más complicadas cuando ya estoy en fase de concentración.
  4. Reactiva. No tengo ninguna lista ni prioridad de tareas por lo que empiezo a reaccionar a cualquier cosa que vaya saliendo. En la mayoría de los casos, voy saltando entre tareas banales hasta que tomo conciencia de lo pobremente planificado que ha sido mi tiempo.

Ladrones de energía

Existen diferentes fugas de energía. Conocerlas e identificarlas es clave para conocer cómo plantear el día y lo que podemos ahorrar mediante la identificación de los siguientes ladrones:

1.Estrés y ansiedad

Noto como el estrés consume mi energía por cada poro de mi piel. Los deadlines, las tareas, las reuniones, las prisas… me hacen perder la tranquilidad y noto cómo mi metabolismo empieza a comerme desde dentro.

La ansiedad acelera mi metabolismo y debilita mis reservas de energía. En estos momentos se me hace muy complicado centrarme en la respiración y mantener un flujo relajado en mis movimientos corporales. Soy nervioso por naturaleza y una de las acciones que he empezado a hacer es tomar conciencia de estos momentos para bajar revoluciones y ser más autónomo en el uso de mi energía.

2. Beber, fumar, café y consumir drogas

Todos conocemos los días perdidos que pasamos durante una buena resaca. A base de deshidratar el cuerpo mediante alcohol conseguimos vaciar nuestro cuerpo de oxígeno lo que nos ralentiza a la hora de pensar claramente.

El THC entorpece la comunicación entre neuronas y esto en mi experiencia se traduce en otra forma más de carencia de energía. Cualquier sustancia que altere nuestro organismo nos hará perder la afinidad de los sentidos traduciéndose en una merma en nuestra productividad.

En el caso de otras drogas no puedo decir personalmente por falta de experiencia pero igual que en el punto anterior, estaremos entorpeciendo el flujo natural de nuestra energía.

Desde que leo a Sebastian Marshall me he interesado por el efecto y los beneficios de tomar café deliberadamente, es decir, sabiendo cuándo y cuánto café tomar durante la semana.

Para sentarnos a hablar de café, demos contexto primero. La cafeína boquea los receptores de adenosina, la hormona que nos hace sentir cansados e indica que ya es suficiente por hoy y debemos iros a la cama a descansar. Por lo tanto, no es que nos de energía exactamente sino que engaña a nuestro cerebro haciéndole perder la noción de cansancio.

En primer lugar nos dará un subidón seguido de una bajada. Cuando te acostumbras a tomar café es muy adictivola, cada vez necesitamos una dosis más fuerte. Por momentos me fuerzo a desprenderme de consumirlo de vez en cuando para dejar fluir los ritmos de nuestro cuerpo y entender realmente cuando estamos descansados.

3. Alimentos. Somos lo que comemos.

Como el día que comes carne en exceso, patatas, entrantes y acabas con un chupito de hierbas que lo único que te pide el cuerpo es estar tirado en el sofá. La digestión requiere una gran cantidad de energía y te deja fuera de juego para tareas importantes.

Mientras que si comemos una barrita de pan con tomate, aguacate y proteína en general nos da la gasolina necesaria para empezar un día con garantías. Vamos a despegar de la silla como un cohete de SpaceX y podremos ir al gimnasio a entrenar como una bestia.

Somos lo que comemos y preocuparse por elegir las comidas con alta cantidad de nutrientes nos va a dar el subidón que necesitamos.

4. Deprivación de sueño. Prontito a la cama

¿A quién no le encanta dormir? Es el momento perfecto para regenerar nuestras células, reconstruir tejidos y sobre todo descansar la mente para poder recargar nuestras baterías.

La media hora antes de irse a dormir debe ocuparse con una alternativa a estar enchufado al móvil. ¿Por qué? Porque las pantallas inhiben la melatonina, la sustancia que regula el sueño.

Te recomiendo que instales f.lux en tu ordenador para reducir automáticamente la luz azul y Twilight para Android. Otro truco que no falla es leer en la cama hasta que tengamos que leer un párrafo más de dos veces. Ése es el síntoma de que el cuerpo nos pide dormir.

5. Tareas rutinarias

Cuanto más rutinaria es la tarea que hacemos más nos adentramos en un bucle en el que el cuerpo y la mente se entumecen. Es uno de esos momentos en los que se nos forma una especie de nube en la cabeza antes de entrar en un proceso de apatía.

Cambiar entre diferentes tareas es necesario para mantenernos alerta y concentrados. Cuidado con la multitarea excesiva.

Deporte por dios, deporte.

Has ido al gimnasio o has hecho mucho deporte a una hora muy avanzada del día. Has llegado a casa y te has preparado para ir a la cama rápidamente. Te has encogido en tu suave edredón y has comido techo como un campeón.

El entrenamiento te deja con tanta energía en el cuerpo que el efecto puede durar varias horas. Es por eso que hacer deporte intenso nos despierta gracias a la circulación de sangre por todo el cuerpo 

¿A quién le ha entrado sueño después de hacer ejercicio intenso?

Más allá de la energía física. 

Hay otros campos de la energía más allá del corporal y de los que no solemos ser conscientes. Cuando el tema se acerca a un extremo muy espiritual suelo mantenerme escéptico ya que me siento más familiarizado con explicaciones científicas. Sin embargo, de vez en cuando tengo momentos en los que percibo sensaciones diferentes.

La energía es en parte emocional y espiritual. Más alla de los procesos químicos que se producen en nuestra compleja maquinaria corporal existen factores inexplicables y me atrevo a decir que mágicos. Éstos hacen que la totalidad de la energía de la que dispongo en un momento dado sea imposible de definir teniendo en cuenta sólo la capa fisiológica.

No puedo acabar este post sin decir que la energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma. Se trata nada más y nada menos que del poder que tenemos cada día para realizar las actividades con las que tenemos que lidiar por lo que considero importante saber gestionarla y aprovecharla lo mejor posible.

La energía creó el universo y a día de hoy mueve máquinas, transportes, planetas y personas. Cuida de ella y gástala de manera astuta.

¿Quieres compartir alguna reflexión sobre energía corporal?

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